La luz de las lunas entraba levemente por la ventana, sus rayos asaetando las finas cortinas de seda China cuya única función era decorativa. Sobre la cama deshecha yacía Aníbal, con los ojos llorosos y numerosas mucosidades inundando su nariz; su voz, quebrada por la pena, era captada por los sensores del gxNet 2.0, el último dispositivo de comunicación instantánea intergaláctica en haber salido al mercado.
─No es tan sencillo Gara. No hay canción que no se haya vuelto amarga, cada presente hecho un pretérito perfecto y lo único que se mantiene es ese vacío que llevo dentro. Es como si Ereal hubiese sido la efímera supernova que me iluminaba y ahora se hubiese colapsado formando un agujero negro que...
─Por las estrellas, ¡cállate! ─oyó a Gara gritarle al otro lado del gxNet. ─¡No puedes ser tan melodramático! ─Aníbal pudo escuchar como su amiga lanzaba algo y segundos más tarde un jarrón se hacía añicos en el suelo. ─¡Ya me has vuelto sacar de mis casillas! A ver, Gara, respira... y tú, Aníbal, cálmate un poco, porque sabes muy bien que tiene solución y es fácil.
─Será fácil para ti. No me gusta que jueguen con mi mente más de lo que ya hacen estos implantes... ─agregó Aníbal mientras toqueteaba su enlace vertebral. ─Además, cuesta un dineral.
─¡Un dineral! ¡Como si eso alguna vez te hubiese parado, señor "voy a comprar telas terrestres, un planeta desierto más antiguo que las Ilfíadas, porque son monas"! ─Gara, claramente molesta, se aclaró la garganta antes de seguir. ─Una de tus sesiones de peluquería cuesta menos que eso, ¡y lo sabes!
─No es eso... ─respondió Aníbal taciturno, levantándose de la cama en silencio.
Caminó hasta el escritorio de su habitación y abrió el cajón superior derecho; ahí seguía, de tez morena, luciendo una cabeza rapada cuya extensión se interrumpía, según Aníbal había escrito en su diario, "al acabar su frente en dos ojos azules y una nariz que hacían de oasis y Kilimanjaro en un desierto". No sabía por qué no se había deshecho de esa foto; Ereal se molestaría si supiese que semanas después de haber roto él aún la guardaba.
La cogió para verla mejor, pero los nervios le jugaron una mala pasada y el marco de cristal, como si el ejemplo del jarrón de Gara siguiese, acabó en el suelo. Tendría que volver a comprar un marco para la foto.
─Oh dios, dime que no lo has vuelto a hacer. Es como vivir el día de la marmota, no aprendes nunca, siempre lo mismo, una y otra vez... ¿En serio habías vuelto a enmarcar esa foto? ¡Deberías romperla! ─gritaba Gara exasperada. ─¡Te dije que la quemases!
─¡Estás loca! ¡No voy a quemar la foto!
─Al menos podrías dejar de quedarte embobado mirándola. ─le recriminaba Gara. ─En serio, deberías pasar por el médico y que te lo hagan olvidar. No vale la pena que lo sufras tanto.
─Hay cosas que no se hacen porque valgan la pena o no, Gara. Si duele es porque debería doler. No es que valga la pena sufrirlo, sino que hay que sufrirlo. ─dijo mientras con los dedos de la mano derecha recorría los implantes de corrección ambidiestra de su mano izquierda. ─Somos humanos, el dolor y la pérdida son algo intrínseco.
─Quizás lo fuese en la edad de piedra, pero sabes que no es el caso. Y menos aún el dolor por desamor, ¡por favor! ─Gara se aclaró la garganta antes de seguir. ─Eres consciente de que usar palabras de esas...
─¿Grandilocuentes?
─¡Dios! ─exclamó Gara, dudando de por qué le dedicaba tanto tiempo a alguien que la irritaba tanto. ─Sí, lo que sea. Que hablar así no hace que lo que dices esté menos equivocado.
─Vale, vale... ¡pero no estoy equivocado! ─exclamó algo molesto, soltando un gallo que hizo que Gara se ríese un poco al otro lado del gxNet.─ ¡No te rías! ¡No estoy equivocado! El desamor es tan nuestro como el amor, sin uno el otro pierde aquello que lo hace bello. Que químicamente te aíslen del desamor no hace que deje de ser tuyo, de la misma formar que renegar de las consecuencias de tus actos no te hace menos responsable.
─¡Pero eso es diferente! Si pudieses deshacer las consecuencias de tus actos sin daños colaterales, éstas ya no irían ligadas a los actos. Hoy en día podemos dejar atrás los resultados del desamor, ¡podemos amar sin sufrir!
─¿Y a eso lo llamas amar?
─Si para ti lo bonito del amar está en el dolor tienes un problema...
─Tampoco es lo importante, no estamos hablando de eso.
─Ya, estamos hablando de que prefieres pasarte semanas amargado solo en casa sin siquiera ir a trabajar porque Ereal te ha roto el corazón. ─respondió altanera, enfatizando esas tres últimas palabras, mofándose. ─Cuando se te rompe el termo llamas al servicio de reparaciones. ¡Haz lo mismo con tu cuerpo!
─¡Sabes que eso es diferente!
─¡No! ¡Ahí está la cosa, que no lo es! A tus ciento seis años te has tratado trece tumores, ¿no? ¿Por qué es el desamor algo humano y el cáncer no? Ambos han estado ahí desde siempre. De hecho el segundo es más natural, lógico e intrínseco, como te gusta tanto decir. Pero no dudas al tratarlos, y no lo haces con medicina tradicional como quimios y esas cosas, vas a lo experimental, a lo rápido; no te dejas destrozar por tratamientos públicos porque puedes permitirte volver al trabajo como si nada. ¡¿Por qué no haces lo mismo con ese corazoncito tuyo?! Deja los problemas del pasado para las personas del pasado. ¡Eres un hombre del presente, trata con tus problemas como tal!
─Pero... si no soy capaz de tratar con esto ahora, ¿cómo lo haré en un futuro con algo más serio?
─No lo harás. Ya no tenemos que hacer eso, al menos no si podemos pagarlo. Distintas épocas, distintos problemas; la añoranza o los remordimientos ya no son uno de ellos.
─Pero... ¿y si no quiero olvidarla? ¿Y si no quiero olvidar lo que compartí con Ereal?
Ambos se callaron tras esas palabras, ambas habitaciones inundadas por una tensa calma. La estática del gxNet, aunque casi imposible de notar cuando se hablaba, se hacía evidente al reinar el silencio en ambos lados del canal de comunicación.
─Gara, en serio, no creo que pueda hacerlo. ─declaró al cabo de unos minutos Aníbal.
─Lo que no puedes es seguir así, Ani. ─le respondió Gara, su voz manchada por tonos tristes.
─No quiero que todo lo que compartí con ella desaparezca sin dejar rastro.
─Ya, es normal. Pero no debes temer eso. ─le decía tranquila y sincera.─ Yo recuerdo un poco a todos. En los noventa y tres años de vida que llevo he amado mucho, y aunque haya tenido ayuda para olvidar a todas las personas que he perdido, siempre queda algo.
─¿Como una cicatriz?
─Sí, como una cicatriz. Está ahí, sé que hubo algo, alguien, y me alegro.
─Las cicatrices no duelen.
─Exacto. Cada una de esas cicatrices, por así llamarlas, me recuerdan que fui muy feliz. Y eso me alegra. Si perder algo me dolió tanto como para que no fuese capaz de lidiar con ello por mí misma es que de verdad lo quería mucho.
─Quizás sí que va siendo hora de pasar página.
─Las primeras veces siempre son más difíciles, Ani. ─respondió Gara, algo entristecida al ver que había conseguido convencer a su amigo.─Solo quiero que podamos volver a estar como antes. Llevo semanas sin verte.
─Sí. Mañana a primera hora pediré una cita urgente con el médico. ─dijo Aníbal, monótono y derrotado. ─Gracias.
─No me las des, no hace falta. ─respondió Gara, rompiendo a llorar en silencio. Se recompuso antes de despedirse. ─Llámame pronto ¿vale? Y avísame si quieres que te acompañe al médico.
Triste pero decidido, Aníbal se fue a dormir y no tardó en empezar a roncar. Gara no tuvo esa suerte; ella era incapaz de dormir sabiendo de primera mano lo que le acababa de hacer a su amigo, al único que había estado desde el principio.
Pedirle que olvidase a Ereal tras más de ochenta años de relación era un mal necesario, pero eso no hacía que dejase de ser algo horrible. Odiaba tener que pasar por cosas así, y estas semanas discutiendo con Aníbal le habían hecho pensar; ¿cuándo llegaría el día en que tendrían que olvidarse entre ellos?
Porque ya no se planteaba el si llegaría el día; con lo larga que era la vida humana ahora, era solo cuestión de tiempo.
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