El
brillo de las estrellas les habría cegado si se tratase de cualquier otra nave,
pero no en la Killer Queen. No a esa
velocidad. No eran más que lucecitas de colores que se esfumaban tan pronto
como aparecían. A bordo de la Killer
Queen, nunca sabías donde iba a acabar la noche.
─ No
tiene sentido que hables de cómo va a acabar la noche en medio del espacio. No
puedes basar tu ciclo en estrella alguna si no orbitas nada.
Ésa
era Fabog. Nativa de Gorobod y telépata entrometida, si había algo que hacía mejor
que tocar los huevos eso era hacer que todo fuese sobre ruedas a bordo de la Killer Queen. Fabog la entendía como si
de su hija se tratase, y de cierta forma podía decirse que lo era. Aunque era
más una hermana.
La
madre de Fabog la había parido dentro de la misma nave. Sabiéndose preñada, se
encargó de que la enfermería fuese de las primeras partes de la nave en estar
acabadas. Fabog había nacido en aquella época en la que los ingenieros se
movían a lo largo del esqueleto de la nave usando bicicletas sobre guías,
mediante las cuales transportaban cargas o desplegaban cableados (cuando no
estaban haciendo carreritas de las suyas). Por momentos le parecía que aún
escuchaba los timbrecitos que Mayo había instalado en algunas de las bicis. Había
días en los que pensaba que quizás lo de los ruiditos era Fabog que jugaba con su
cabeza.
─
Basaré mi ciclo en lo que quiera. Además, no te quejes de mis incoherencias si
no las comparto.
─ No
pienses tan alto entonces.
─
Sabes que me cuesta no pensar en alto, en especial alrededor de gente que lee
mis jodidos pensamientos día y noche.
─
Creeme, hay noches en las que me gustaría no hacerlo. Estás muy solo.
─
Oye, que te tengo a ti. You’re my best
friend, como dice esa canción.
─ ¿No
escucho música de hace 30 siglos de mi especie crees que por alguna razón conoceré la vuestra?
─ No
espero que lo entiendas, no leyendo pensamientos. Pero…
Dejando
los controles, decidí poner la música. Solo así lo entendería.
─ No
por favor, no otra vez…
─ O,
ahora ya no vas a pararme, vamos a pasarlo bien.
─ Es
un viaje de cuatrocientas doce horas a bordo de una nave en medio del espacio,
sin escalas, y a solas contigo y cuatro androides asistentes. No esperaba
pasármelo bien.
Ya
sonaba el piano, y de forma natural giré el potenciómetro subiendo el volumen
al máximo.
─
Puedes intentarlo pero no vas a poder pararme.
─
Sabes que lo de la telepatía no es solo leer, ¿no? Podría ponerte a dormir
ahora mismo.
Lo sabía y bien. Lo que hacían los de su especie no era exactamente leer la mente. Se podría decir que leían y reescribían campos electromagnéticos a voluntad, dentro de unos límites que ni ellos mismos tenían demasiado claros. Ponerme a dormir era de lo menos letal que podía hacerme. Pero la ley estaba de mi lado; poner música a todo volumen era un poco más legal que juguetear con el cerebro de otro ser vivo.
─ ¿Y
quebrar ciento cuarenta y nueve leyes dentro del espacio conocido? Vamos, por
favor, diviértete un poco.
─
Por favor que algo me salve.
Eso
fue lo último que le dio tiempo a decir a Fabog, porque treinta y siete
milisegundos después el vacío del espacio se hizo uno con el puente de mando de
la Killer Queen. Por suerte para
ella, yo siempre llevaba mi traje espacial de emergencia encima. Y tenía el
suyo a mano.
Estaba
a unos treinta metros, que normalmente se recorrerían en un instante, pero
había muchos restos de cristal entremedio. Aún así, no hay nada que pueda
pararme cuando esa pequeña cosita llamada amor toma el control; el amor por la
aventura.
El
camino fue menos recto de lo esperado, pero por suerte para ella llegué en
cuarenta y siete segundos; doce antes de que su cerebro fallase provocando daño
permanente. Eso era especialmente importante para mí, porque aún me quedaban
más de doscientas horas de viaje y si quedaba afectada por el accidente no
podría reírme de sus cuatro brazos amorfos durante el resto del viaje.
─
Eres un gilipollas.
Fueron
las primeras palabras que me dijo cuando recuperó la capacidad de comunicación.
Me gustaría deciros que podía silenciar el comunicador, pero no; es una de las
desventajas de trabajar con una telépata, junto al hecho de que no se puede
jugar ni al veo veo ni al quién es quien.
No
nos llevó mucho tiempo tener la nave de vuelta a punto. Cerca de treinta y
siete minutos después del heroico rescate que un servidor había llevado a cabo,
ya volvíamos a estar sobre la marcha.
─
¿Sabemos ya qué ha provocado el fallo?
─ No
ha sido técnico. No hay rastros de sabotaje, y he revisado los historiales de
los androides que nos acompañan; ninguno ha tenido nada que ver.
─
Así que nos han atacado.
─ O
has chocado.
─
¿Quién querría atacarnos?
─ O
no has planeado bien la ruta.
─
¿Por qué nos atacarían? El cargamento no tiene casi valor.
─ O
no has tenido en cuenta la estacionalidad del campo de micro-asteroides
de Numa.
─
Sigo sin entender quién querría…
─
¿Vas a asumir tu parte de la culpa en algún… ─la interrumpe un parón de la
nave, se apagan las luces y los reactores, e instantáneamente después se
activan el generador y las luces de emergencia.─ …momento?
─
¿Decías?
Rompiendo
la oscuridad de la escena, el ordenador principal estaba iluminado con un único
mensaje: COMUNICACIÓN ENTRANTE.
─ Te
dije que no le dieras este número de teléfono a tu novia, Fabog.
─ Y
no lo hice, gilipollas.
Sin
que aceptaran la solicitud, el holoproyector se encendió y el sonido de
estática característico del eterno e incómodo silencio entre naves vecinas
cubrió la sala. Según el monitor, hablaban con Flash-Abedul Bastión Gordon,
representante de las Colonias Mesoterráneas Trans-Hipóbaras Libres y
Democráticas del cúmulo de Hipanón.
─
¿No podían ponerse un nombre más complicado no?
─
Tiene pinta de que lo intentaron pero se vieron superados por la ineptitud de
su burocracia…
─ No
toleraremos otra falta de respeto.
─
Oh, vaya lo… digo, perdone mi señor Flash-Abedul Bastión Gordon. ¿Cómo debería
mi humilde persona dirigirse a usted?
─
Puede llamarme Flash Gordon, será suficiente. Delegado Tercero de Gobierno y
Ministro de Asuntos Coloniales Extraterritoriales Flash Gordon.
─
Oh, de acuerdo, agradezco su paciencia. ─Hay
que tenerla si cada vez que se dirigen a ti lo hacen con un nombre tan largo,
le hizo llegar Fabog por vía telepática.─ Me gustaría saber a qué se debe que
nos hayan parado. Llevamos más de doscientas horas viajando y nos quedan muchas
por delante, así que nos gustaría proceder cuanto antes.
El
representante de la colonias de nosequé tosió, y se quedó en silencio.
─Señor
Delegado Tercero de Gobierno y Ministro de Asuntos Coloniales
Extraterritoriales Flash-Abedul Bastión Gordon, nos gustaría saber por qué se
han tomado la libertad de bloquear nuestro paso por un territorio cuando
nuestros papeles están en regla.
─
Oh, bueno, es que no lo están.
─
Puede referirse usted a mí como Capitán Bolgo. Capitán Ismael Ricardo Javier
Boldo III, regente de Narnia, ministro de exteriores de la república
independiente de Micasa y señor de Mordor. Le consulto entonces, Señor Delegado
Tercero de Gobierno y Ministro de Asuntos Coloniales Extraterritoriales
Flash-Abedul Bastión Gordon, ¿Qué problema hay con los papeles de la Killer Queen?
─
Oh, nada en particular con los papeles en sí.
Tosí
entonces, y me mantuve en silencio. Pero no tuvo el efecto esperado.
─
Entonces entiendo que podemos seguir con nuestra travesía.
─ Me
temo que eso será imposible.
─
Porque….
Se
mantuvo el silencio.
─
¿Podría usted, Señor Delegado Tercero de Gobierno y Ministro de Asuntos
Coloniales Extraterritoriales Flash-Abedul Bastión Gordon, explicarme el por
qué de la inmobilización de mi nave?
─
Claro que sí. Como bien sabrá, las Colonias Mesoterráneas Trans-Hipóbaras
Libres y Democráticas del cúmulo de Hipanón somos un estado galáctico formado
recientemente. Ustedes vuelan bajo la bandera de la Federación Galáctica de
Aliados, cuya Comisión de Reglamentos y Reconocimientos Intergalácticos no ha
reconocido, aún, nuestra soberanía. Por lo tanto, no reconocemos nosotros
tampoco la soberanía de la Federación Galáctica de Aliados. Por lo tanto,
ustedes están volando sin bandera en un espacio regulado por las Colonias
Mesoterráneas Trans-Hipóbaras Libres y Democráticas del cúmulo de Hipanón.
─
¿Hace cuantas horas estándar se fundó la nación conformada por las Colonias Mesoterráneas
Trans-Hipóbaras Libres y Democráticas del cúmulo de Hipanón?
Solo
hubo silencio y estática.
─
Perdone, Señor Delegado Tercero de Gobierno y Ministro de Asuntos Coloniales
Extraterritoriales Flash-Abedul Bastión Gordon, ¿hace cuantas horas, según el
estándar temporal de la no-soberana Federación Galáctica de Aliados, se fundó
su nación?
─ Me
alegro de que haya aclarado a qué estándar horario se refería, ya que podría
habernos llevado a confusión. Hace ciento noventa y siete horas, cuarenta y siete
minutos y cincuenta y seis segundos, para ser exactos.
─
Ciento noventa y siete horas y cuarenta y ocho minutos ya.
─ Se
podría decir.
─
Perdone, Señor Delegado Tercero de Gobierno y Ministro de Asuntos Coloniales
Extraterritoriales Flash-Abedul Bestión Fondón, como comprenderá si recuerda
que le he dicho que llevamos más de doscientas horas de viaje, desconocíamos la
situación. De haberlo sabido no habríamos entrado sin bandera en espacio de
las Colonias Mesoterráneas
Trans-Hipóbaras Libres y Democráticas del cúmulo de Hipanón. ¿Qué hemos de
hacer para proseguir con nuestro viaje?
La
estática de fondo se ve sacudida por murmullos. Se oían discusiones, y al parecer un grupo de personas nada dadas a estar de acuerdo planteaban votaciones y decretos.
─ ¿Y
bien? ¿Señor Delegado Tercero de Gobierno y Ministro de Asuntos Coloniales
Extraterritoriales Flash-Abedul Bolsón Frodón?
─
Dada la excepcionalidad de su situación, se les permitirá proseguir con su
viaje. Pero que no se repita la incidencia o nos veremos obligados a tomar
severas medidas. Buen viaje, Capitán Ismael Ricardo Javier Boldo III, regente
de Tabarnia, ministro de exteriores de la república independiente de Sucasa y
señor de Durmstrang.
Ciento
y pico horas después, descansando ya en el puerto espacial de Jakota, aún no
acababan de creer lo que les había tocado pasar.
─ No
hay ningún informe que hable de avistamientos de piratas.
─
Así que fueron ellos.
─
¿Crees que sabían que traficábamos con azúcar?
─ Se
lo habrían quedado.
─
¿Entonces fue solo por orgullo?
─
Esos territorios exteriores no le importan a nadie, ni a ellos. No me
sorprendería que nos hubiesen atacado solo para llamar nuestra atención, para
tener alguien con quien hablar.
─
Así que estás reconociendo que nos atacaron. Que no fue una negligencia mía.
─
Solo planteo la remota posibilidad.
─
Remota, pero posible, plausible y planteable.
─
¿Llegaste a buscar en esa estúpida guía a sus costumbres que nos dieron cuál es
el estándar temporal que usan?
─
¿Qué usan? Si es otro sistema basado en los números primos y los días de los
solivan-karr te invito a otra copa.
─
Pues tranquila que no. Usan el estándar de la Federación Galáctica de Aliados.
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