viernes, 13 de abril de 2018

Problemas de otros tiempos

La luz de las lunas entraba levemente por la ventana, sus rayos asaetando las finas cortinas de seda China cuya única función era decorativa. Sobre la cama deshecha yacía Aníbal, con los ojos llorosos y numerosas mucosidades inundando su nariz; su voz, quebrada por la pena, era captada por los sensores del gxNet 2.0, el último dispositivo de comunicación instantánea intergaláctica en haber salido al mercado.
─No es tan sencillo Gara. No hay canción que no se haya vuelto amarga, cada presente hecho un pretérito perfecto y lo único que se mantiene es ese vacío que llevo dentro. Es como si Ereal hubiese sido la efímera supernova que me iluminaba y ahora se hubiese colapsado formando un agujero negro que...
─Por las estrellas, ¡cállate! ─oyó a Gara gritarle al otro lado del gxNet. ─¡No puedes ser tan melodramático! ─Aníbal pudo escuchar como su amiga lanzaba algo y segundos más tarde un jarrón se hacía añicos en el suelo. ─¡Ya me has vuelto sacar de mis casillas! A ver, Gara, respira... y tú, Aníbal, cálmate un poco, porque sabes muy bien que tiene solución y es fácil.
─Será fácil para ti. No me gusta que jueguen con mi mente más de lo que ya hacen estos implantes... ─agregó Aníbal mientras toqueteaba su enlace vertebral. ─Además, cuesta un dineral.
─¡Un dineral! ¡Como si eso alguna vez te hubiese parado, señor "voy a comprar telas terrestres, un planeta desierto más antiguo que las Ilfíadas, porque son monas"! ─Gara, claramente molesta, se aclaró la garganta antes de seguir. ─Una de tus sesiones de peluquería cuesta menos que eso, ¡y lo sabes!
─No es eso... ─respondió Aníbal taciturno, levantándose de la cama en silencio.
Caminó hasta el escritorio de su habitación y abrió el cajón superior derecho; ahí seguía, de tez morena, luciendo una cabeza rapada cuya extensión se interrumpía, según Aníbal había escrito en su diario, "al acabar su frente en dos ojos azules y una nariz que hacían de oasis y Kilimanjaro en un desierto". No sabía por qué no se había deshecho de esa foto; Ereal se molestaría si supiese que semanas después de haber roto él aún la guardaba.
La cogió para verla mejor, pero los nervios le jugaron una mala pasada y el marco de cristal, como si el ejemplo del jarrón de Gara siguiese, acabó en el suelo. Tendría que volver a comprar un marco para la foto.
─Oh dios, dime que no lo has vuelto a hacer. Es como vivir el día de la marmota, no aprendes nunca, siempre lo mismo, una y otra vez... ¿En serio habías vuelto a enmarcar esa foto? ¡Deberías romperla! ─gritaba Gara exasperada. ─¡Te dije que la quemases!
─¡Estás loca! ¡No voy a quemar la foto!
─Al menos podrías dejar de quedarte embobado mirándola. ─le recriminaba Gara. ─En serio, deberías pasar por el médico y que te lo hagan olvidar. No vale la pena que lo sufras tanto.
─Hay cosas que no se hacen porque valgan la pena o no, Gara. Si duele es porque debería doler. No es que valga la pena sufrirlo, sino que hay que sufrirlo. ─dijo mientras con los dedos de la mano derecha recorría los implantes de corrección ambidiestra de su mano izquierda. ─Somos humanos, el dolor y la pérdida son algo intrínseco.
─Quizás lo fuese en la edad de piedra, pero sabes que no es el caso. Y menos aún el dolor por desamor, ¡por favor! ─Gara se aclaró la garganta antes de seguir. ─Eres consciente de que usar palabras de esas...
─¿Grandilocuentes?
─¡Dios! ─exclamó Gara, dudando de por qué le dedicaba tanto tiempo a alguien que la irritaba tanto. ─Sí, lo que sea. Que hablar así no hace que lo que dices esté menos equivocado.
─Vale, vale... ¡pero no estoy equivocado! ─exclamó algo molesto, soltando un gallo que hizo que Gara se ríese un poco al otro lado del gxNet.─ ¡No te rías! ¡No estoy equivocado! El desamor es tan nuestro como el amor, sin uno el otro pierde aquello que lo hace bello. Que químicamente te aíslen del desamor no hace que deje de ser tuyo, de la misma formar que renegar de las consecuencias de tus actos no te hace menos responsable.
─¡Pero eso es diferente! Si pudieses deshacer las consecuencias de tus actos sin daños colaterales, éstas ya no irían ligadas a los actos. Hoy en día podemos dejar atrás los resultados del desamor, ¡podemos amar sin sufrir!
─¿Y a eso lo llamas amar?
─Si para ti lo bonito del amar está en el dolor tienes un problema...
─Tampoco es lo importante, no estamos hablando de eso.
─Ya, estamos hablando de que prefieres pasarte semanas amargado solo en casa sin siquiera ir a trabajar porque Ereal te ha roto el corazón. ─respondió altanera, enfatizando esas tres últimas palabras, mofándose. ─Cuando se te rompe el termo llamas al servicio de reparaciones. ¡Haz lo mismo con tu cuerpo!
─¡Sabes que eso es diferente!
─¡No! ¡Ahí está la cosa, que no lo es! A tus ciento seis años te has tratado trece tumores, ¿no? ¿Por qué es el desamor algo humano y el cáncer no? Ambos han estado ahí desde siempre. De hecho el segundo es más natural, lógico e intrínseco, como te gusta tanto decir. Pero no dudas al tratarlos, y no lo haces con medicina tradicional como quimios y esas cosas, vas a lo experimental, a lo rápido; no te dejas destrozar por tratamientos públicos porque puedes permitirte volver al trabajo como si nada. ¡¿Por qué no haces lo mismo con ese corazoncito tuyo?! Deja los problemas del pasado para las personas del pasado. ¡Eres un hombre del presente, trata con tus problemas como tal!
─Pero... si no soy capaz de tratar con esto ahora, ¿cómo lo haré en un futuro con algo más serio?
─No lo harás. Ya no tenemos que hacer eso, al menos no si podemos pagarlo. Distintas épocas, distintos problemas; la añoranza o los remordimientos ya no son uno de ellos.
─Pero... ¿y si no quiero olvidarla? ¿Y si no quiero olvidar lo que compartí con Ereal?
Ambos se callaron tras esas palabras, ambas habitaciones inundadas por una tensa calma. La estática del gxNet, aunque casi imposible de notar cuando se hablaba, se hacía evidente al reinar el silencio en ambos lados del canal de comunicación.
─Gara, en serio, no creo que pueda hacerlo. ─declaró al cabo de unos minutos Aníbal.
─Lo que no puedes es seguir así, Ani. ─le respondió Gara, su voz manchada por tonos tristes.
─No quiero que todo lo que compartí con ella desaparezca sin dejar rastro.
─Ya, es normal. Pero no debes temer eso. ─le decía tranquila y sincera.─ Yo recuerdo un poco a todos. En los noventa y tres años de vida que llevo he amado mucho, y aunque haya tenido ayuda para olvidar a todas las personas que he perdido, siempre queda algo.
─¿Como una cicatriz?
─Sí, como una cicatriz. Está ahí, sé que hubo algo, alguien, y me alegro.
─Las cicatrices no duelen.
─Exacto. Cada una de esas cicatrices, por así llamarlas, me recuerdan que fui muy feliz. Y eso me alegra. Si perder algo me dolió tanto como para que no fuese capaz de lidiar con ello por mí misma es que de verdad lo quería mucho.
─Quizás sí que va siendo hora de pasar página.
─Las primeras veces siempre son más difíciles, Ani. ─respondió Gara, algo entristecida al ver que había conseguido convencer a su amigo.─Solo quiero que podamos volver a estar como antes. Llevo semanas sin verte.
─Sí. Mañana a primera hora pediré una cita urgente con el médico. ─dijo Aníbal, monótono y derrotado. ─Gracias.
─No me las des, no hace falta. ─respondió Gara, rompiendo a llorar en silencio. Se recompuso antes de despedirse. ─Llámame pronto ¿vale? Y avísame si quieres que te acompañe al médico.
Triste pero decidido, Aníbal se fue a dormir y no tardó en empezar a roncar. Gara no tuvo esa suerte; ella era incapaz de dormir sabiendo de primera mano lo que le acababa de hacer a su amigo, al único que había estado desde el principio.
Pedirle que olvidase a Ereal tras más de ochenta años de relación era un mal necesario, pero eso no hacía que dejase de ser algo horrible. Odiaba tener que pasar por cosas así, y estas semanas discutiendo con Aníbal le habían hecho pensar; ¿cuándo llegaría el día en que tendrían que olvidarse entre ellos?
Porque ya no se planteaba el si llegaría el día; con lo larga que era la vida humana ahora, era solo cuestión de tiempo.

jueves, 5 de abril de 2018

Saturación


Le molestaba la soberbia de Imelda. Sí, era buena, innegablemente la mejor ingeniera de vacíos con la que había trabajado, pero eso no le daba carta blanca; ella, Laura Belmonte, no era una subordinada, no esperaba ser tratada como uno de esos becarios que vienen solo seis meses a por créditos ECTS, algo de dinero y maquillaje para sus currículos.

—¿Y me dices que has revisado el sistema entero?  —entonaba Imelda, enfatizando esa última palabra como si tuviese que hacer un esfuerzo extra para que Laura la procesase.

Pero Laura no iba a dejarse pisar así. Años estudiando en Comillas, casi un lustro ejerciendo, para que una recién doctorada la tratase como si fuese una estudiante de grado... no, gracias. Las cosas no iban a seguir así por mucho tiempo; había llegado la hora de que Imelda se diese contra la pared por primera vez en su vida.

—De pe a pa. He comprobado que no volviese a ser cosa de la orientación de los diodos...

—¿Los mismos que pasaste por alto cuando estábamos trabajando en el control de flujo de combustible de la fragata Asterión?  —le interrumpió la graduada con honores, la del historial impoluto, con un tono coqueto.

—Sí, los mismos. Como decía, no tiene nada que ver con los diodos, la compensación está equilibrada, los transistores están distribuidos correctamente... Estoy seguro de que si falla algo es en tu parte del...

—¿Has comprobado que la realimentación esté hecha con los signos que corresponde?  —volvió a interrumpir Imelda, aún cómoda, segura de que todo error que pudiese haber era en la parte del modelo en la que trabajaba Laura.

—Sí. Como te iba diciendo...  —intentó proseguir Belmonte, obviamente sin éxito.

—¿No habrás confundido una coma con un punto, no? Estos valores anómalos podrían deberse a que la hayas liado con la saturación...

Todo estaba saliendo como ella lo esperaba. La insistencia y la necedad de Imelda harían que la revelación fuese demasiado para ella; Laura no era una mujer de letras pero, aunque desconocía cuál era la palabra correcta para describir como se quedaría Imelda tras descubrir su error, sabía que atónita se quedaba corta. Ella sabía cuál era el error, pues el día anterior se había quedado hasta tarde revisando ambos modelos. Pero en vez de corregirlo, había preferido dejar que fuese ella quien los descubriese.

—No, no he confundido una coma con un punto. Hace más de catorce siglos que se universalizó el punto, Imelda; no queda comunidad científica en este sistema ni los colindantes que use la coma para representar los decimales. Repito, quizás deberías revisar...

Imelda se lanzó súbitamente hacia el ordenador de Laura, lo desbloqueó y se puso a jugar con el modelo, buscando el error que pudiese darle la razón. De subsistema en subsistema, su ojo recorría las conexiones buscando alguna falla que explicase lo sucedido. Pero no había nada.

Mientras tanto, Laura ya estaba cargando el modelo general y conectando el holoproyector.

—No es posible…  —farfullaba Imelda, mordiéndose los labios, volviendo a estudiar al detalle lo que ella misma acababa de revisar. —Tiene que haber algo aquí…

Solo cuando la parte del sistema de la que se había encargado Imelda estuvo ocupando la totalidad de la habitación giro ésta la cabeza. Laura, con una serie de movimientos de mano que a Imelda le recordaban a algún arte marcial ya olvidado, destacó el integrador que había justo antes de que se iniciase el lazo de la retroalimentación. Dio la orden al ordenador para que mostrase las propiedades del bloque y de repente todo tenía sentido.

—No puedo creerlo…  —murmuraba Imelda para sus adentros.

—Cómo puedes ver, los límites del integrador no están…

—No tuve en cuenta que el ángulo no se reiniciaba…  —decía Imelda, aun hablando consigo misma.

—…correctamente definidos. El ángulo está limitado a dos veces pi, por lo que…

—¿Desde cuándo lo sabes?  —la volvió a interrumpir Imelda, ahora llorando.

—Bueno, estaba revisando…  —empezó a explicarse Laura intentando aguantarse una risa que aunque asomaba se perdía entre los bufidos de Imelda.

—Llevamos tres horas y media buscando el fallo. Y lo has sabido todo este tiempo…  —murmuraba Imelda para sus adentros, con las manos en la cabeza. — Sabes que no nos pagan por horas sino objetivos.

—…el modelo y noté al iniciarlo que el ángulo se limitaba. Supuse que sería algo en tu…
—No, no lo supusiste, ¡tenías claro dónde estaba!  —siguió Imelda, llorando mientras empezaba a reírse. —¡Lo has hecho a propósito!

Fue entonces cuando una se lanzó a por la otra y tanto las palabras como el orgullo se ahogaron en un largo y apasionado beso.

—¿Te das cuenta que podríamos habernos tomado el día libre si no fuese por tu querer darme una lección?  —le reprochó Imelda a Laura.

—Bueno, pero viendo como estabas estos días, te la merecías un poquito… —respondió mientras llevaba el índice a la punta de la nariz de Imelda y la daba un leve golpecito antes de pellizcarla.

Riendo, enviaron el modelo al departamento de montaje para que hicieran su parte de la magia; su trabajo ya estaba hecho. Pasaron por el laboratorio de arcos, el de biomecánica y los otros a saludar, y aprovecharon para avisar en montaje que ya habían enviado el archivo.

Tras pasar por la cámara de descontaminación, recogieron sus pertenencias y se cambiaron. Se despidieron de Ildefonso en recepción y marcharon juntas, en sus dos manos derechas volviendo a brillar los anillos que habían tenido que quitarse al entrar al laboratorio.

Hay cosas que nunca cambian.